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jueves, 2 de enero de 2014

Cambio de condiciones en los pisos de Azora


3.000 viviendas vendidas por IVIMA.
Los inquilinos denuncian el encarecimiento del precio de compra y alertan de que la nueva titularidad deja en el aire las subvenciones al alquiler.


Un vecino coloca un cartel contra el instituto madrileño de la vivienda en su casa del barrio de la Ventilla (Madrid). / David Fernández

El Instituto de la Vivienda de Madrid (IVIMA) era titular de 23.000 viviendas a inicios de 2013 en toda la región. En la actualidad tiene en sus manos 16.800 viviendas. Lo que Pablo Cavero Martínez, consejero de Transportes, Infraestructuras y Vivienda de Madrid, ha llamado rotación de activos en comparecencia pública ha supuesto la desaparición de cerca de la cuarta parte del parque inmobiliario de la entidad.
El último lote vendido fue de cerca de 3.000 viviendas repartidas por toda la comunidad y se adjudicó la empresa privada Encasa Cibeles, participada por el fondo de inversión Goldman Sachs y la inmobiliaria Azora. Pese a que en agosto, cuando se efectuó la venta, ambas entidades acordaron que las condiciones de alquiler o de alquiler con derecho a compra de los inquilinos no iban a cambiar, meses después, cuando algunos de los inquilinos están a punto de alcanzar el plazo para optar a la compra de su vivienda, estos denuncian que las condiciones sí han cambiado.
“El precio de tasación de estos pisos es de unos 70.000 euros, al cual hay que añadir un coeficiente de actualización, que según el último decreto de julio de 2013 debería ser de un 1,5, y a lo que se debería descontar el 50% de las cuotas pagadas estos siete años. El problema es que ahora Encasa Cibeles pretende vendernos estos pisos por unos 140.000 euros más IVA”, señala Mariano Martín Martínez, uno de los inquilinos con derecho a compra, quien añade que ese precio es el de tasación multiplicado por un coeficiente de actualización del 2%. “Es en lo que no estamos de acuerdo, ya que el precio se dispara enormemente al aplicar ese medio punto de más”.
Desde Azora han negado a DIAGONAL que se haya producido ningún cambio en las condiciones de alquiler y opción a compra, y señalan que, “en todo caso, si hay algún cambio, será debido a algún impuesto”, aseguran desde su departamento de comunicación.
A día de hoy, 52 familias de la Ventilla en Madrid han recibido una oferta de venta del inmueble de la empresa Encasa Cibeles, al haber transcurrido siete años desde que comenzaron a vivir en su vivienda. Sin embargo, durante el proceso de enajenación de las casi 3.000 viviendas compradas por Encasa Cibeles se produjo otro cambio destacado en la regulación. El 22 de julio, un mes después de que se realizara la oferta de enajenación, el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid aprobó, a propuesta del Partido Popular, un cambio en la normativa de vivienda protegida que contemplaba, entre otras medidas enfocadas a favorecer la venta de inmuebles, la opción a compra a partir del primer año, derecho que antes se podía ejercer entre el quinto y séptimo año después de la entrada en la vivienda.
La venta de vivienda pública al binomio Goldman Sachs-Azora trae otra preocupación aún mayor para los inquilinos: la subrogación de obligaciones de la nueva propietaria en favor de las familias arrendatarias no incluye las subvenciones al alquiler que el IVIMA sí ha estado aprobando a parte de las familias adjudicatarias. Éste es el caso de Vanesa, una de las inquilinas de las viviendas de La Ventilla, que hasta ahora recibía ayudas para el pago de alquiler al ser inquilina de una vivienda oficial y que, a día de hoy, no sabe si le van a renovar la ayuda al cambiar de titularidad la vivienda en la que vive.
Los responsables del IVIMA no saben, a día de hoy, cuántas viviendas están ocupadas ni cuántas vacías, según los informes de la Cámara de Cuentas de la CAM. Mientras, hay 3.500 expedientes de personas que optan a una vivienda de la entidad que están pendientes de resolver, según fuentes de CC OO de Madrid, desde donde señalan también el empeoramiento de las condiciones laborales en el instituto de vivienda madrileño, a la vez que se externalizan algunos servicios de la entidad.

martes, 10 de septiembre de 2013

La rebeldía festiva no busca espectadores

Publicado en Periódico Diagonal: https://www.diagonalperiodico.net/libertades/19758-la-rebeldia-festiva-no-busca-espectadores.html

En Madrid se multiplican los eventos festivos organizados al margen de la administración. También crece la interconexión entre estos festivales.
RAMÓN FERRERsociólogo


La Batalla Naval se celebra cada año en el mes de julio en el distrito madrileño de Puente de Vallecas /ALBERTO FANEGO
Con el ánimo arriba y dispuestas a afrontar lo que sea, tomamos aire y nos concentramos enlas fiestas y festivales populares y autoorganizados que se celebran en barrios y municipios. El mejor Madrid que existe, aquel que lleva la iniciativa y la creatividad mediante acciones concretas. Las fiestas, territorio magnífico para reforzar vínculos, para explorar otros nuevos, también son un escaparate desde el que señalamos los conflictos que atraviesan el territorio de nuestros cuerpos y de nuestros barrios, sin complejos. Un espacio fértil, una propuesta en directo de cómo conjugar una programación cultural y un espacio para seguir construyendo poder popular. Durante los días de las fiestas un sujeto colectivo emerge para dar cuenta de nuestra identidad, para celebrarla. En los aledaños de ser prohibidas, no permitidas, atraemos al otro al mostrarse a las claras el conflicto: éstas son mis fiestas y yo soy las fiestas, no vamos a permitir que se organicen en nuestro nombre, sin nuestra participación. La fiesta es mía, no puedes impedírmela.
Los festivales populares también son un escaparate desde el que señalamos los conflictos que atraviesan el territorioSon manifestaciones evidentes de organización local y, sin embargo, muchas fiestas y festivales con años de trayectoria observan la imposibilidad de seguir editándose, algunas por sostenerse con dinero de la Administración, otras por el aumento de requerimientos técnicos derivados de un mayor control político. Llueve sobre mojado. La amenaza suele venir acompañada por inercias perversas en el funcionamiento interno de los grupos que las organizan, principalmente la dificultad para dar entrada a otros colectivos, otros actores. Un planteamiento que consiga ampliar en la esfera de lo comunitario, sin miramientos, radicalmente, puede sortear la amenaza de prohibición, de criminalización; Alcorcón y el FestiK, en Cara­banchel, son ejemplos de rupturas creativas que han dado respuesta a cambios de contexto y pueden fortalecerse, paradójicamente, por la posibilidad evidente de clausura. En ambos casos un replanteamiento estratégico, un agrupamiento de fuerzas sobre la base del trabajo en red ya desarrollado, permite nuevas opciones, como trasladar el lugar de celebración o directamente tomarlo.

Ingredientes para el cocktail

Para organizar fiestas populares, festivales, hay una serie de ingredientes básicos: el parque, la calle y la gente del barrio. También hay experiencias como el festival feminista Lady­fest que no enfatizan la territorialidad asociada a un barrio concreto, sino que se engarzan en el mismo espacio en el que está sucediendo. Su última edición se celebró en diversos distritos de la ciudad de Madrid.
Las fiestas de mi patio son particulares. Saltamos la hoguera cantando canciones, nos cobijan árboles plantados cuando nacimos. Escribimos deseos, compartimos la cena. Sin embargo, las fiestas de mi barrio ahora son de la Administración. Se gasta mucho dinero y yo sólo acudo como espectador. Un viejo me contó que antes las fiestas las montaban las personas que vivían en la zona, armando el mejor baile del distrito. Luego cambió. Se dejaron de hacer. Hay gente que no va a las de la Junta, porque articuladas en torno a la lógica del mercado dejan fuera a quienes ven mermada su capacidad de consumo, y porque unas fiestas sin el componente de la autoorganización dejan simplemente de ser populares, participadas: esa gente puede olvidar que una vez bailaron en la calle, casi enfrente de su casa, en sus propias fiestas. Yo también he dejado de ir, mis amigos hacen pereza para acercarse, estamos pensando en retomar las de nuestro barrio.
Y es una alegría saber que no estamos solas. En Alcorcón han tenido las suyas y, como no les dejaron estar en el recinto con el resto de casetas, se las han montado itinerantes y van de plaza en plaza. Durante el desarrollo de las actividades la policía, de paisano, provoca, pero la gente se hace cargo y les apoya. El alcalde David Pérez se ha empeñado en descalificarlos, criminalizarlos y más gente se ha puesto de parte de las vecinas rebeldes.
En el pueblo de Vallecas las fiestas de Kontracorriente iban de eso, de montarla en los márgenes, casi para ser prohibidas; es lo que tienen las fiestas, una se siente libre y eso no le gusta al Estado, ni al capital, ni al capellán. Y más, porque cuando hay gente que quiere celebrar la vida, se acaba rebelando sin perder la alegría. En el Pozo, en Aravaca, en Retiro,en el Festival Almenara, en el Festi-k, en Móstoles, en la batalla naval de Vallecas, en Vicálvaro, en Begoña ya las viven hace años. Lo más divertido es que se intuye que están conectadas: en el parque de las Cruces de Aluche hay un poeta de la Ventilla; en el turno del barrio del Pilar hay gente de Alcorcón y en el festival Almenara los arcones vienen del FestiK de Cara­banchel. Los festivales y las fiestas populares brindan la posibilidad de recrear identidades colectivas frente a discursos hegemónicos impuestos, de participar activamente de esa recreación. Es interesante seguir ganando presencia en espacios que alteran esa lógica y nos permiten estar más cerca del otro.

viernes, 30 de agosto de 2013

Festivales autoorganizados en la ciudad de Madrid. Espacios para crear y construir poder popular.

Publicado en Madrilonia.org: http://madrilonia.org/2013/08/festivales-autoorganizados-en-la-ciudad-de-madrid-espacios-para-crear-y-construir-poder-popular/

Para quiénes hayamos participado en el desarrollo de un festival de barrio.
X_FESTIVAL_WEBminiEl menda que les escribe, dicho con mucha humildad, no puede evitar pasarse las horas durante el festival comprobando que todo esté a la altura de los y las ilustres invitadas, ese 99% del que últimamente se habla tanto: la gente corriente y moliente.
Pero este menda que les escribe sí conoce a alguno y alguna que pillo cacho en algún festival, valiéndose, porqué no, del turno de barra que tan bien nos sienta, en todos los sentidos (hasta para comprobar que lo de tirar cañas es una expresión literal). También conoce a alguna que se atrevió a recitar los versos que tenía bajo el colchón y tomar la palabra, su palabra, y no morir de vergüenza en el intento. Y sabe de grupos de jóvenes muy jóvenes, con la sangre envenenada por la música, que encontraron en estos espacios el lugar para cantar y expresarse. Incluso, sé de algún vecino motivado que arregla el parque una noche de San Juan, días antes del evento, para que los también ilustres músicos y músicas no se tropiecen durante los conciertos. A un lado y al otro, los festivales, las fiestas populares, de barrio, son un espacio fértil, una propuesta en directo de cómo conjugar una propuesta cultural y un espacio para seguir construyendo poder popular.
Del repertorio de acciones antagonistas a los discursos hegemónicos[1]: ocupaciones de tierras, escraches, radios comunitarias…  estos festivales aún no gozan de ese estatus de práctica política, y sin embargo, al menos intuitivamente sí sabemos que organizarnos por nuestros propios medios y contar con la afluencia simpática de miles de vecinas tiene un componente transformador. Pero ¿somos capaces de reconocernos a nosotras mismas esa dimensión? ¿o es hasta estratégico seguir ignorándola? Quiero decir, estoy convencido de que la motivación más presente para montar en el barrio conciertos y actividades no es la de ir armando un contrapoder, incluso esa posibilidad podría juzgarse como negativa, si ello alterara el ambiente necesariamente lúdico para intimar año tras año con el vecino. La estrategia, por ahora, sigue pasando por hacernos un hueco en el parque de la zona, conseguir los medios para llevar a cabo la propuesta y seguir organizados para materializarla (que por cierto, no es moco de pavo). Pero ¿qué pasa si un día lo prohíben? ¿si nos prohíben? ¿si un informe nos deniega la existencia el mismo día que íbamos a hacer los bocatas en la asociación vecinal?
El pasado mes de Junio, a finales ya, cuando el calor aprieta y los barrios periféricos de Madrid miran hacia el mar soñando con las deseadas vacaciones, todo es calma y chicha en la urbe. ¿Todo?; no, todo no. En locales y parques, en asociaciones y centros sociales, decenas de vecinas llevan varios meses organizándose para poner en marcha festivales culturales en la calle, gratuitos y de calidad, eventos que dan cuenta del mejor Madrid que existe, aquél que lleva la iniciativa y la creatividad mediante acciones concretas. Estoy hablando del Festi-k, en Carabanchel y del festival Almenara en Tetuán[2], ambos con diez años de trayectoria en el parqué de los festivales autoorganizados y alternativos que pugnan por reeditar cada año su propuesta: el parque, la calle y la gente del barrio.
De entre las grandes y pequeñas tareas que se requieren para organizar eventos de estas características: logística, coordinación, diseño del programa, diseño de la difusión, turnos de limpieza, de barra, acondicionamiento del parque… siempre hay una, la más ingrata y gris que, al menos en los últimos años, no se resuelve sino hasta el mismo día del inicio, esa tarea es la interlocución con la administración; ¡con el ayuntamiento hemos topado!
Pese a que la dimensión burocrática ha estado presente desde las primeras ediciones de estas experiencias, este 2013 marca un punto de inflexión. Por situarnos, un suceso dramático en la ciudad copó los titulares y el corazón de cinco familias: cinco jóvenes mueren en un concierto multitudinario en un recinto cerrado propiedad del Ayuntamiento de Madrid, el caso del Madrid Arena. Con el tiempo se inician medidas a nivel judicial y a nivel político se sacan de la manga la Oficina de Actos en la Vía Pública que en Junio queda constituida. Este órgano según la disposición oficial publicada en el BOCM “emitirá un informe previo, preceptivo y vinculante respecto de la resolución del órgano competente”, esto es: más centralización del poder municipal.
Paralelamente conocemos dos casos el Festik y el Festival Almenara, que iniciados los trámites con el ayuntamiento, informan y dan cuenta a través de informes y petición de permisos de su intención de celebrar en dos parques públicos los citados festivales. A pesar de los trámites con las juntas municipales, la recién creada OAVP es la que tiene la última palabra para emitir un informe favorable. El resto ya es conocido, el festival Almenara recibe el visto bueno de la oficina celebrándose por décimo año en el parque Rodríguez Sahagún. En Carabanchel el FestiK ha de trasladarse al centro social EKO y en el parque de las Cruces, cerca de Aluche, únicamente se llevarán a cabo las actividades culturales, siendo excluidos los conciertos nocturnos. También la fiestas de Carabanchel Alto son canceladas.
Entre aplausos, la noche del 29 de Junio, subían al escenario del parque, personas del grupo que organiza el FestiK, allí dieron cuenta del “millón de documentos” que tuvieron que entregar al ayuntamiento, para que finalmente el mismo día que tenían previsto el montaje les denegaran el permiso. Entre aplausos, insisto, de la gente y gritos como:  “crear, luchar, poder popular”, empiezo a plantearme si no es tiempo de poner nuestras barbas a remojo, permanecer aislados de otras prácticas similares ¿es una estrategia válida? Para ese entonces, desde Carabanchel me dan el toque: en Septiembre quedamos, nos vemos, nos ponemos cara, ellos si ya dan cuenta de la dimensión política, la han sufrido, esto es una nueva vía de represión, de la subespecie burro-crática.

30/08/2013
Ramón Ferrer Prada